Otro tema curioso de mi abuela es su particular concepción de la realidad. En una clásica comida familiar, ella está dando de comer a Lucy, y mi madre dice:
-Abuela, no des de comer a la perrita
-Si no me has visto
-Sí te he visto
-Pues yo no te he visto mirándome.
Es decir, aquello que mi abuela no ve, no existe. Ojalá que fuera así, y que todas las cosas terribles que mi abuela no ve no existan. Pero desgraciadamente no es así, pasan cosas que no vemos y otras tantas que no queremos ver.
Cuando llevamos las bolsas de basura al contendedor, perdemos de vista aquello que una vez fue nuestro ¿Qué fue de cada deshecho que hemos ido abandonando?
Me siento incapaz de abarcar mentalmente todo lo que he ido tirando en mi vida, trataré de centrarme en algo muy concreto, las botellas de plástico.
Las clásicas botellas de agua, están fabricadas en PET (polietilentereftalato). Este plástico es reciclable siempre y cuando se separe del resto de la basura. En el basurero de Valdemingómez se separan automáticamente mediante un detector de infrarrojos. Las botellas de agua así se reciclan una y otra vez gracias a esta tecnología. Salvo algunas excepciones:
Las botellas de agua coloreadas no son detectadas por el separador de basura (con tecnología infrarrojo), no se reciclan a no ser que hayan sido separadas con manos de los trabajadores de Valdemingómez.
Un detalle como éste me hace reflexionar sobre la problemática que surge cuando la tecnología y la ingeniería no va de la mano del diseño. La tecnología trata de avanzar para encontrar nuevas técnicas de reciclado, pero sería más sencillo si la industria se hiciera responsable del ciclo de vida de aquello que produce.
A nosotros, nos queda la decisión de consumo. Saber este tipo de cosas se agradecen (gracias “moni”) y lo mejor es no estar ciegos para poder decidir.


